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Sacrificios de infantes en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá.

Toda cultura tiene una forma de expresar sus creencias, la forma en la que veían al mundo, aquello que movía a la gente que era parte de esta, sin embargo, siempre ha sido de interés el conocer la causa de esto, desde el siglo pasado han surgido investigaciones arqueológicas y antropológicas que han tratado de resolver esta interrogante y arrojarnos una visión más amplia del pensar y actuar de las diferentes sociedades que han pisado nuestro planeta. En el caso de la cultura maya, un aspecto importante eran los sacrificios humanos.

El sacrificio humano es una manifestación de religiosidad en la tradición mesoamericana que ha despertado interés en la investigación científica y que ha sido abordado desde diferentes posturas, algunas de ellas contradictorias entre sí. De acuerdo con Yólotl González (1985) el sacrificio humano es un rito, por lo que persigue el mismo objetivo de este, el cual es “formar parte de una acción simbólica que se cree capaz de afectar al mundo sobrenatural y reproducir el orden preestablecido” el cual, como ya se aclaró en el capítulo previo, incluye la destrucción total de la ofrenda, es decir de la vida de la persona. (Domínguez, 2015:50)

Sacrificio en Mesoamérica

Al ser el sacrificio humano una manifestación de la experiencia de lo sagrado entre los antiguos mesoamericanos, estos han dejado evidencia de la importancia que para ellos representaba este ritual en una vasta cantidad de expresiones artísticas, como los son los labrados y relieves en esculturas, las pinturas en murales y en cerámica, en la arquitectura ceremonial así como en los testimonios visuales y escritos de los códices, los cuales nos ofrecen una rica cantidad de información de las que podemos servirnos para el estudio de este fenómeno religioso. El sacrificio humano retrata una visión particular del cosmos y del hombre, es decir, es una ventana a la cosmovisión del México Prehispánico, por lo cual el análisis del presente estudio se enmarca precisamente en la teoría de la cosmovisión. (Domínguez, 2015)

El sacrificio en infantes, en la actualidad, es uno de los temas más impactantes para el estudio de los mayas y de la arqueología, pues se tiene registro de que los restos óseos de los infantes encontrado no todos seguían un mismo patrón, también se encontraron restos óseos de adultos, entre ellos un ligero porcentaje de hombres que de mujeres. Debemos tener en cuenta que no todos los restos óseos encontrados fueron sacrificados, ya que no siguen un patrón o ciertas similitudes para ser considerados, también cabe mencionar que algunos restos fueron hallados en contextos diferentes. También se hallaron restos óseos con una característica particular, fueron del tipo de sacrificio por medio de extracción de corazón, lo que esto quiere decir, es que fueron algún tipo de ritual u ofrenda previa antes y de gran importancia

Sacrificios humanos para la cultura Maya

Los sacrificios es uno de los temas con más importancia y de gran impacto en el estudio de las culturas Mesoamericanas y en la cultura maya simbolizaba más como una ofrenda a lo sagrado; en distintas investigaciones se ha demostrado que el sacrificio para los mayas no se trataba de una eliminación sino de una dedicación a lo sagrado; dentro de la sociedad maya los niños estuvieron posicionados de una manera única, en la que actuaban como mediadores entre el mundo espiritual de los dioses y el mundo mundano de los adultos, de aquí la importancia de los cenotes y de los niños en el mundo maya.

Alberto Ruz Lhullier, en su libro Costumbres funerarias de los antiguos mayas menciona que Pedro Sánchez de Aguilar reporta la supervivencia de sacrificios humanos durante la Colonia y relata que los cuerpos de los sacrificados, después de que se les extraía el corazón, podían ser arrojados a un cenote, envueltos en una manta, junto con una piedra pesada (Ruz 1968:67). La “Relación de las cosas de Yucatán” es uno de los documentos históricos del siglo XVI en los que se menciona y alude el Cenote Sagrado. Su autor el obispo Fray Diego de Landa consignó que en él se arrojaban personas vivas y diversos objetos, prácticas que los mayas de la región continuaron realizando aún en el contacto con los españoles. 

El pozo sagrado de los Itzaes (Cenote de Chichén Itzá) para los mayas era la entrada al mundo de los muertos; y los niños por su liminalidad y su proximidad al proceso de muerte y renacimiento fueron definidos como seres sagrados, los cuales tenían un mayor vínculo con las cuevas y las fuentes de agua ya que estas eran los pasos simbólicos entre el mundo terrestre y el inframundo. Sin embargo, los restos humanos depositados que fueron encontrados en el cenote presentan contextos muy diversos como:

  • Tratamientos Póstumos.
  • Marcas de exposición al fuego.
  • Marcas de raíces terrestres en los humeros.

El sacrificio humano era considerado la expresión más devota que podían tener los mayas, en particular los de corazón era la esencia y alimento de los dioses, permitía la recompensa de lo sagrado y la comunicación con ellos (Nájera, 1987: 9, 40-50). Es una de las prácticas más conocidas y comunes en el sacrificio. Lo que se hacía durante este ritual era sostener a la víctima por sus extremidades para que no se moviera, se asentaba el cuerpo en una piedra circular y con una navaja o cuchillo se abría el pecho para extraer dicho órgano (Ribeiro Marques 2013:5). Usando diversas técnicas como la cardioectomía, la estereotomía axial media, la toracotomía bilateral transversal, que se deriva de la técnica de cardioectomía y la última es la técnica realizada por el acceso transdiafragmático (Tiesler y Cucina 2007; Sánchez 2006; Robicsek y Hales 1979).

Los cenotes como el lugar de origen.

En la cosmogonía maya, las cuevas y cenotes eran considerados como lugares del nacimiento de la vida, contenedores de agua virgen o suhuy ha’ (Thompson 1975), punto de origen de algunos grupos o linajes (Carmack y Mandloch, 1983: 181-182) y por ello espacios adecuados para llevar cabo diversos ritos. El más conocido de estos rituales era el Chen Ku o “inmersión ritual de los sacrificados en cenotes” (Ruz 1968: 151). Para Patricia Beddows, el término cenote “(Del maya ts ́ono ́ot o d ́zonot, “caverna con depósito de agua”) se refiere a cualquier espacio subterráneo con agua, con la única condición de que esté abierto al exterior en algún grado.

Los mayas (al igual que las otras sociedades mesoamericanas) consideraban que el universo tenía tres niveles, un celeste, un terrestre y un inframundo, este último estaba dividió a su vez en nueve niveles y lo llamaban Xibalba en maya quiche, El Xibalba era habitado por distintas deidades entre estas el poderoso Ah Puch el descarnado, la deidad de los muertos que habitaba el último nivel. Como entradas al Xibalba se consideraba, el mar, las cuevas, lo ríos subterráneos y por supuesto los cenotes, de esta manera el Ts ´ono´ot” era el vínculo entre el mundo terrestre y el subterráneo. Era ahí donde nació la vida además de ser el contenedor del “suhuy ha´” agua virgen, en dicha agua se recrea el momento de la creación y se procura la regeneración por eso se le asocia con la fertilidad (Martos, 2007: 68).

Son sistemas complejos y dinámicos, con el proceso de formación que proviene de una cueva inundada la cual forma una gruta o un cenote cuando se derrumba el techo de la misma cueva (Beddows, et al. 2007:33). Los cenotes se encuentran en toda la península de Yucatán, abarcando también parte del Peten guatemalteco y el norte de Belice. La práctica funeraria en los cenotes, junto con otras prácticas sociales, tenían la función de legitimizar la propiedad particular de la clase dominante, de la fuerza de trabajo de las clases dominadas. En específico interesan los traumatismos que correspondan a causas de muerte por violencia, así como técnicas de privación ritual de la vida. (Rojas 2008).

Como se sabe para los mayas tanto los cenotes y cuevas tiene un gran peso en la cosmovisión ya que representa una puerta hacia el inframundo y el contacto con sus Dioses, es por eso que se usaba como un medio para la realización de sacrificios o para el depósito de cuerpos humanos. En los últimos años se han registrado cenotes cuyos depósitos esqueléticos plantean un alto grado de dificultad para identificarlos claramente como contextos sacrificiales o como exequias funerarias. Si bien no se duda que los esqueletos humanos del Cenote Sagrado de Chichen Itzá corresponden a los sacrificios descritos por los cronistas españoles.

El tesoro escondido en el Cenote Sagrado.

El Cenote Sagrado de Chichén Itzá se encuentra al norte de la pirámide de Kukulcán y conectado con ella mediante una calzada de unos 300 m de longitud El cenote mide aproximadamente 60 m de diámetro con paredes verticales de caliza cuentan con una altura desde la orilla del agua de 22 m y una profundidad máxima de 13.4 m. En la parte superior aún se logra observar los restos de una estructura ceremonial la cual es conocida como “El baño de vapor” o “El Temascal” (Anda 2006:54).

El contexto de los restos materiales del cenote de Chichén Itzá fue destruido debido a las exploraciones realizadas por viajeros exploradores; en 1882 el francés Desiré Charnay intento dragar el cenote sin éxito, pero introdujo maquinaria. De 1904 a 1907 el norteamericano Edward Thompson realizó un dragado sistematizado en el cenote, en 1909 efectuó buceo con escafandra; su objetivo fue la recuperación de objetos, posteriormente de 1961 a 1968 se realizó otra intervención por parte del INAH, con arqueólogos y métodos más sistematizados, sin embargo, utilizaron un propulsor de aire que no funcionó y posteriormente trataron con químicos el agua del cenote para clarificar el agua. Thompson recuperó restos óseos de 101 individuos, ofrendas preciosas, jade, oro, tumbaga, textiles; Román Piña recuperó 121 restos óseos de individuos, cerámica y ofrendas preciosas.

Muchas de las exploraciones iniciales aún se centraban en extraer las “mejores” piezas (Blom 1954; Thompson 1992) y la mayoría de los informes carecen incluso de bocetos de eliminación de esqueletos y capas. También recordamos que la investigación del cenote, hasta su apogeo en la década de 1960, se realizó utilizando enormes bombas de extracción para disminuir el nivel del agua, un esfuerzo que fue asistido por la descarga de barriles de cloruro en el agua fangosa para aumentar la visibilidad del suelo (Folan 1968; Piña Chan 1970).

De acuerdo con los materiales arqueológicos encontrados, el periodo de ocupación va de las fases tempranas 800-1150 d.C. hasta 1250-1560 d.C. El material óseo encontrado en el Cenote fue divididas en dos secciones, una que fue llevada al Museo de Peabody, en Estados Unidos y la otra que permaneció́ en la Ciudad de México bajo el resguardo del INAH. En la muestra que fue llevada a Estados Unidos, el investigador Hooton reporto que la gran mayoría de los individuos que se encontraba analizando eran infantes; sin embargo, se llegan a registrar hasta el momento 13 cráneos de adultos masculinos, ocho de adultos femeninos, 7 niños (10-12 años) y 14 niños de entre los seis años de edad. Aunque actualmente han registrado un total de NMI de 101, donde más del 50% de los individuos son jóvenes menores de 18 años. (De Anda 2006:67-72; Ver Coggins y Shane 1996).

Los materiales óseos con marcas culturales han mostrado que estos individuos sufrieron de actos violentos antes de su muerte después de esta, en donde se registraron individuos desarticulados, descarnados, desollados y con exposición al fuego (De Anda 2007:55) como marcas de violencia al momento de la muerte: evidencia de cortes en 1.5% de las costillas de individuos infantiles; los tipos de corte son en forma triangular, producidos por un impacto violento de un objeto corto contundente. También se ha 76 observado un esternón con hundimiento en el centro, producido por un impacto frontal.

Las evidencias osteológicas que se relacionan a los tratamientos post mortem de los sacrificados se agrupan en: extracción del corazón, decapitamiento, descornamiento, separación de segmentos y exposición térmica. De las técnicas de extracción del corazón se consideran el acceso transdiafragmatico y la toracotomía bilateral transversa el acceso (Chávez 2006) (Tesler y Cucina 2005), (Pijoan y Mansilla 2004)

Se destaca que hay varios factores involucrados en la destrucción de los restos óseos humanos en la Zona Maya. El primero de estos factures incluye el aspecto social-cultural, es decir el tratamiento funerario que los mayas precolombinos pudieron haber dado a la persona fallecida. El individuo pudo haber sido quemado o bien desmembrado y sus restos esparcidos en lugares localizados más allá del área en la cual se llevó a efecto ese acto intencional de desmembramiento. (Tiesler 1997, 1999). En Chichen Itzá hay evidencia de restos óseos que fueron quemados. También hay evidencia de que algunos huesos del cuerpo (v.gr. cabezas y huesos largos) fueron separados para ser depositados en contextos específicos, o bien exhibidos. (Tiesler1997, 1999)

Referencias.

Beddows, Patricia, Paul Blanchon, Elva Escobar, Olmo Torres-Talamante. 2007. “Los cenotes de la Península de Yucatán”. Arqueología Mexicana 83:32-35. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/los-cenotes-de-la-peninsula-de-yucatan

Domínguez A. Alondra. 2015.      Los rituales guerreros y los sacrificios agrarios en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá. Tesis de Maestría, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades. Pachuca de Soto, Hidalgo

De Anda Alaniz, Guillermo Gerardo
2006      Análisis osteotafonómicos de restos óseos sumergidos en cenotes. Una visión desde el cenote Sagrado de Chichén Itzá. Tesis de Maestría. Mérida.
2007.     Los huesos del Cenote Sagrado. Chichén Itzá, Yucatán. Arqueología Mexicana 83:54-57. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/los-huesos-del-cenote-sagrado-de-chichen-itza-yucatan

Martos, López Luis Alberto. 2007    ¨Los cenotes en la actualidad¨ en Arqueología Mexicana Cenotes en el área Maya. Vol. XIV, n.83, pp. 66 – 70 México: Editorial Raíces

Nájera, Martha Ilia. 1987  El don de la sangre en el equilibrio cósmico. México: UNAM, Centro de Estudios Mayas.

Piña, Chan, Román,. 1970    Informe preliminar de la reciente exploración del Cenote Sagrado de Chichén Itzá Serie Investigaciones, XXIV, INAH, México.

Robicsek, Francis y Donald M. Hales. 1979    Maya Heart Sacrifice: Cultural Perspective and Surgical Technique. In Ritual Human Sacrifice in Mesoamerica, editado por Elizabeth P. Benson y Elizabeth H. Boone, pp. 49-89. Dumbarton Oaks Library and Collection, Washington, D.C.

Rojas Sandoval, Carmen. 2007    Cementerios acuáticos mayas. Arqueología Mexicana 83:58-63. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/cementerios-acuaticos-mayas

Ruz Lhullier, Alberto. 1968  Costumbres funerarias de los antiguos mayas. Seminario de cultura maya. Universidad Nacional Autónoma de México

Tiesler, Vera, y Andrea Cucina
2007    El sacrificio humano por extracción de corazón. Una evaluación osteotafonómica de violencia ritual entre los mayas del clásico. Estudios de Cultura Maya, vol. XXX, pp. 58-70. Centro de Estudios Mayas, México.
2008      La arqueología y la tafonomía humana: dos herramientas para el estudio de sacrificio y tratamientos póstumos asociado. Temas Antropológicos 30(2): 57-78
2010       Sacrificio, tratamiento y ofrenda del cuerpo humano entre los mayas peninsulares. En El sacrificio humano en la tradición religiosa mesoamericana, editado por Leonardo López Luján y Guilhem Oliver, pp. 195-226. Instituto Nacional de Antropología e Historia/ Universidad Nacional Autónoma de México, México.

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