Metalurgia en Mesoamérica: Evidencia e Historia de su Desarrollo

En Mesoamérica, la metalurgia se desarrolló de manera tardía (López, 2017) y fue utilizada principalmente para la creación de artefactos rituales y suntuosos, y no tanto para la creación de herramientas de trabajo o de fines bélicos, que sí existen ejemplares, pero son escasos si se compara con el resto de los objetos de metal que aparecen en el registro arqueológico. A pesar de su atrasada introducción, los artesanos encargados del metal lograron efectuar hermosos y elaborados diseños que dejan impresionado a investigadores debido a lo complejo de su manejo, así como el ingenio detrás para poder otorgar características (como el sonido, color y forma) especiales que eran exigidas por las personas selectas que podían darse el lujo de adquirir los objetos metálicos.

Hosler (1997) marca el inicio de la metalurgia entre los años 600 y 800 d.C (ya en un Clásico tardío) y comenzó a desarrollarse en el occidente de México (donde hoy se encuentran los estados de Guerrero, Michoacán, Colima, Jalisco y Nayarit). Antes del período mencionado, el trabajo de metales era completamente desconocido por los mesoamericanos, por tanto, no se tenía idea de las técnicas necesarias para moldear los metales. Todo este conocimiento fue introducido por navegantes provenientes de Centro y Sudamérica (Carmona, 2015). Por eso no es de extrañar que la región occidental hayan sido las primeras en trabajar estos recursos puesto que sus costas reciben las aguas del Océano Pacífico, donde se tiene evidencia que era parte de una antigua ruta de intercambio de bienes, como la concha Spondilus, con pobladores de esas zonas extranjeras que llevaban trabajando los metales desde tiempo atrás (Carmona, 2015).

No sólo la ubicación geográfica fue lo que propició el trabajo metalúrgico, sino también la abundancia de metales en el Occidente de México tales como el cobre y el zinc, siendo el primero el que más utilizado para la creación de artefactos (especialmente cascabeles). Lejos de lo que se puede pensar, el oro no fue muy trabajado en Mesoamérica, siendo otra vez las poblaciones de Centro y Sudamérica las que más aprovecharon este material.

Metales utilizados

Fue el cobre (Cu) el metal que más se trabajó en Mesoamérica, debido a que se encuentra con mayor facilidad en las regiones donde es trabajado y porque es muy dócil para ser moldeado, permitiendo hacer aleaciones (en diversas composiciones) según el objeto que se quiera hacer. Geográficamente la zona Occidental de México es rica en minerales y propició que estalle la fabricación de utensilios metálicos.

Existen dos maneras de obtener esta materia prima (cobre), la primera es obtenerla nativamente del ambiente (que es fácilmente manipulable); y la otra, fundiendo minerales y piedras preciosas que en su composición química cuenten con grandes cantidades de cobre. Como ejemplo, tenemos la malaquita (Cu₂CO₃(OH)₂), la cuprita (Cu₂O) que es la fórmula general del óxido de cobre, y la calcopirita (CuFeS2). Al derretir alguno de los minerales anteriores se obtiene el cobre metálico del que están compuestos. Sin embargo, el fundir el mineral resultaba mucho más problemático que simplemente tomarlo en su forma nativa, además de que este último es fácilmente manipulable sin necesidad de hacerle un tratamiento previo . A pesar de esto, los datos arqueológicos y de laboratorio indican que, al menos en un principio (600-800 a 1200 d.C.), la mayoría de los objetos fueron realizados mediante la fundición de los minerales (Hosler, 1997).

La metalurgia se fue especializando de poco en poco, y se observan nuevas formas de extracción de materias primas, así como nuevos metales para trabajar. Hosler (1997) ubica temporalmente estos eventos a partir del 1200 d. C y hasta las fechas de la conquista española.  El número de minerales, con componentes metálicos, utilizados ha crecido y se comienza a extraer y a fundir la casiterita (SnO2), que es la forma mineral del óxido de estaño, elemento que empezaron a fusionar con el cobre para obtener una nueva aleación: el bronce. También aparece evidencia de aleaciones de cobre con arsénico (que igual es bronce) y de cobre con plata, siendo las dos primeras, de uso muy común a partir de esta nueva etapa en el trabajo metalúrgico.

Casiterita (Foto extraída de Wikipedia)

Sin importar la dificultad por adquirir el material, una vez descubierta la aleación del bronce, en sus dos variedades (cobre con caserita o cobre con arsénico), se desencadenó una increíble explotación de este debido a la preferencia de los artesanos por su maleabilidad (propiedad de adquirir una deformación mediante una compresión sin romperse), fuerza y dureza (oposición que ofrecen los materiales a alteraciones físicas como la penetración, la abrasión y el rayado. No hay que confundir con tenacidad) que permitió actualizar los viejos diseños hechos únicamente con cobre, por unos más finos sin poner en riesgo la integridad de las piezas (Hosler, 1997).

Un caso particular es el de los cascabeles, puesto que la importancia para los artesanos recaía en el sonido de este artefacto, ya que el cobre utilizado, cambiaba en composición, según el ruido que se quería que emita. Según Hosler (1997), los sonidos de los cascabeles son considerados sagrados debido a que protegían a las personas que los usaban de maleficios, además de imitar el sonido de los truenos, la lluvia y de la serpiente de cascabel.

También se creía que anunciaban la fertilidad, tanto en el campo como en las personas. Por ello la complejidad de su fabricación y su abundancia en contextos arqueológicos. El descubrimiento de la aleación del bronce fue un avance tecnológico que afecto enormemente a este tipo de piezas, logrando producir muchas más y de una calidad aún más finas y de mayor tamaño. La mejorada tenacidad del bronce se demuestra con nuevos adornos integrados a los cascabeles y que tienen un parecido a la filigrana.

Así como el sonido era parte importante de los cascabeles, con la adición del bronce en la tecnología metalúrgica, el color fue otro aspecto a tomar en cuenta en este tipo de piezas. El uso de diferente porcentaje de cobre y estaño en la composición del bronce provocó variaciones en el color: cuando el arsénico predomina, el metal tomo un colorido plateado, mientras que, cuando la concentración de estaño en cobre es mayor, el metal se torna de un color dorado. Si consideramos que el oro era considerado sagrado para los pueblos mesoamericanos, no nos sorprendería la importancia que el color dorado tuvo, tal vez como una aproximación para copiar la apariencia de este metal.

Cascabeles (Foto sacada de Museo Amparo)

Sin embargo, los cascabeles no eran los únicos objetos que se realizaban, existiendo diversos tipos de artefactos de metal, tales como agujas, mascarones, hachuelas, bezotes, discos, figurillas, entre muchas cosas más (Carmona, 2015).

Técnicas para el trabajo de metales

Para la fabricación de objetos metálicos en Mesoamérica, se han detectado dos técnicas: La denominada “cera perdida” y el trabajo en frío (o martillado). La primera, requería de la elaboración en cera de un modelo del cascabel, el que es recubierto con una mezcla de barro y ceniza. Esto permitía la rápida producción de cientos de cascabeles con una gran variedad de tamaños y formas. Después, se calienta el molde para que se derrita la cera y luego se vacía el metal líquido en el molde. Para el segundo método, se hace completamente lo contrario puesto que no se utiliza nada de calor para la fabricación de los objetos. Consistía únicamente en martillar un trozo de cobre fundido hasta alcanzar la forma deseada, es decir, los objetos se elaboraban en frío. Así se producían agujas, cinceles, pinzas. punzones, hachas, aretes, adornos para el pelo y otros ornamentos (Hosler, 1997).

Bibliografía

López Lujan, Leonardo

2017  El oro de las ofrendas y las sepulturas del recinto sagrado de Tenochtitlan. En Arqueología Mexicana, vol. XXIV, núm. 144, pp. 58- 63. Editorial Raíces, México, D.F.

Hosler, Dorothy

1997   La tecnología de la metalurgia sagrada del Occidente de México. En Arqueología Mexicana vol. V, núm. 27, pp. 34-41. Editorial Raíces, México, D.F.

Carmona Macías, Martha

2015   La orfebrería en el Occidente de México. En Revista de Occidente, versión digital pp. 1-15.